Te habrá pasado más de una vez: algún pensamiento o
idea llevaba atascado en tu cabeza durante un tiempo y de repente,
mientras te duchas...
¡Eureka!. De hecho, esa misma expresión se le
atribuye a Arquímedes al descubrir, mientras se estaba bañando, que el
volumen de agua ascendido era igual al volumen del cuerpo sumergido.
Gracias a ello pudo medir el volumen de los cuerpos sin importar su
forma y averiguar que la corona del Rey Hierón II no estaba hecha 100%
de oro. Yo mismo, en un impecable momento Yo Dawg, he tenido la idea para escribir este post e investigar acerca del fenómeno mientras estaba en la ducha.
En ese estado, diferentes zonas del cerebro empiezan a conectarse, dando lugar a asociaciones aleatorias que muchas veces terminan en una buena idea, otras en ideas radicalmente absurdas (para mí, las mejores) y en otras que a ese problema atascado al que llevábamos un buen tiempo dando vueltas de repente le encontremos una solución. Es decir, y esto es aplicable aunque no estemos en la ducha, la mayoría de las veces la mejor manera de resolver un problema es dejar de pensar compulsivamente en ese problema. Por eso, entre otros motivos, la sabiduría popular aconseja en estos casos dar un paseo, realizar alguna actividad que nos relaje o, simplemente, consultarlo con la almohada.
La principal diferencia entre un caso y otro, sin embargo, tiene más que ver con el bienestar asociado al primero. Y es además el segundo motivo que los científicos aducen a los motivos detrás de las buenas ideas en la ducha: la dopamina. La dopamina empieza a correr por el torrente sanguíneo, nos sentimos mejor, más relajados, y eso provoca la liberación de endorfinas y el consiguiente bloqueo de los receptores opiáceos. Un proceso similar ocurre cuando hacemos deporte, que es también otra fuente de creatividad y de buenas ideas.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada